Hace 75 años, tal día como hoy, el 6 de agosto de 1945, a las 8’15 hora local, Hiroshima, se convierte en la primera ciudad del mundo en ser pasto de una bomba nuclear.

Estados Unidos lanzó la bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima, protagonizando el acto humano más mortífero en un menor espacio de tiempo.

Cae sobre el centro de la ciudad y 120.000 de los 450.000 habitantes mueren en el acto, muchos de ellos desintegradas, otros 70.000 sufren graves heridas.

A consecuencia de la radiación, otras decenas de miles de personas, irán muriendo en terrible goteo con el paso de los años.

Esa mañana, tres Boeing B-29 surcaban el cielo de una ciudad japonesa desconocida hasta entonces para la mayoría del mundo.

La localidad se había librado de los bombardeos incendiarios de meses atrás que arrasaron ciudades como Tokio, y esta fortuna se transformará en su mayor desgracia.

Dos de los aviones llevan aparatos de medición y cámaras, el otro, el Enola Gay, lleva el infierno, una única bomba, la mortífera “Little Boy”, una bomba de tres metros y 4.400 kilos.

Cuando ya había acabado la guerra en Europa, el principal objetivo de la bomba atómica era conducir a Japón a firmar la rendición.

Japón siguió sin rendirse y tres días más tarde otro avión partió con Fat Man, la segunda bomba atómica que caería sobre Nagasaki.