La semana pasada estuve en casa de un amigo. Él es pintor, pero pintor de cuadros, de esos de pared o de murales, lo que le eches. Vamos ,que no es de brocha gorda, de esos que te pintan una habitación y te la dejan como nueva. A mi amigo le gustan los cuadros grandes, las figuras abstractas, la pintura moderna. No hace mucho ha pingado un cristo crucificado. No es su estilo. Digo que no es lo que suele pintar. Ha sido un encargo.

Sentado frente al lienzo, me he dejado llevar por las instrucciones que me daba. Que si la luz, que si la forma, que si el dibujo, que si la perspectiva. Poco a poco me he dejado llevar por los detalles y mis ojos han ido recortando el cuadro en secciones y motivos. La cabeza, las manos y las muñecas dormidas por los clavos, los pies clavados, pero no entrecruzados, la mirada pacífica y resignada, el cuerpo desnudo.

Me ha explicado que su cristo es su cristo. Que no hay otro igual, que lo ha hecho después de hacer de estudiar los cristos pintados y repintados, hechos y por haber. Que había realizado un estudio anatómico. Que si los huesos, que si los músculos.

A mi me ha encantado. No he visto un cristo igual. Este no es de los de siempre.

Pensando en profundidad, después de oír sus cómos y porqués, me ha venido a mente la infinidades de estudios anatómicos que también hace el ser humano a diario. Cómo detallamos a los demás, cómo los miramos, como repasamos sus contornos. Como si de un escáner se tratara, visualizamos el perfil, el cuerpo entero. Y luego evaluamos y al final juzgamos. Damos un aprobado o un suspendo y nos quedamos tan a gusto.

Como personas hacemos en cuestión de segundo un estudio anatómico del otro y de la otra, de físico. Nunca de sus circunstancias. Nunca pocas veces de sus ojos, de sus dientes, de sus manos, de su forma de mirar. Más bien de su forma, de su volumen. Percibimos a simple vista su contorno, sus caderas, su cuerpo. Y lo valoramos y lo puntuamos.

Nunca le ponemos un 10 a su simpatía y cordialidad. Damos el aprobado a su cuerpazo o el suspenso a su gordura.

Así somos por desgracia, capaces y dispuestos a decidir por los demás, libres para dar un veredicto que nos deje a gusto, sin saber nada más del otro. Si es mejor o peor persona, si un problema le atormenta o si se siente feliz por ser como es. Así somos simplemente, expertos en anatomía. Una profesión que nos dieron sin saberlo.

Mi amigo es pintor, plasma su realidad, expresa lo que siente, pero a diferencia de los demás mortales, no juzga sin saber. Ha hecho un cristo de 10 sin ser creyente. Y creedme, sinceramente, ese cristo te hace rezar, porque conmueve.